Escrito por Yohan Alexis Álvarez, estudiante de Ciencia Política de la Universidad de Antioquia y líder estudiantil de Unidad Cristiana Universitaria-Medellín. Este texto se ha gestado gracias a los aportes de Lina María Gallego, integrante del equipo nacional de UCU Colombia, quien a través de sus reflexiones alimento el contenido del mismo.
El grano de mostaza es una semilla diminuta en tamaño, pero con un poder evolutivo tal que llega a ser un gran árbol. Así mismo, en la dinámica del reino de Dios lo diminuto e insignificante posee un poder nuclear capaz de conmover los cimientos mismos de toda estructura humana. Dios hace grande lo pequeño, pues el mismo encarno realidades insignificantes para salvar lo insignificante.
Otra parábola les refirió diciendo: el reino de Dios es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomo y sembró en un campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que viene las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas (Mateo 13:31-32).
En el Antiguo Testamento (AT) el profeta Ezequiel, desde el exilio producto de la invasión Asiria a la nación de Israel, comunica mediante una parábola un mensaje de esperanza al devastado y desarraigado pueblo (Ezequiel 17: 22-24). En este pasaje Dios Padre promete que tomará un retoño de un alto cedro y lo plantará en el monte alto de Israel; este pequeño retoño extenderá sus ramas y dará fruto, convirtiéndose así en un magnifico árbol. Y este árbol será habitad para las aves, entonces, dice el Padre, “todos los arboles del campo sabrán que yo soy el Señor. Al árbol grande lo corto, y al pequeño lo hago crecer. Al árbol verde lo seco, y al seco, lo hago florecer. Yo, el Señor, lo he dicho, y lo cumpliré” (Ezequiel 17:24).
Esta promesa haya cumplimiento parcial en el pequeño remanente del pueblo de Israel que Dios preservo en medio del cautiverio, para que retornara a su territorio desolado y levantará las ruinas de la destructiva invasión. No obstante, esta promesa no haya cabal cumplimiento sino hasta la venida de Jesús: el humano retoño que el Padre tomo y planto en medio de la frágil realidad humana. El Padre ha hecho de Jesús el nazareno un árbol magnifico, y bajo su sombra anidan sus hijos según la justicia y la paz del Espíritu (Isaías 32: 14-17).
Jesús contextualiza esta parábola de Ezequiel diciendo que el reino de Dios es semejante a un grano de mostaza, siendo esta la semilla más pequeña; mas, cuando ha crecido, se convierte en el árbol más grande entre las hortalizas, y las aves vienen a anidar en sus ramas. Sin embargo, Jesús no contextualiza únicamente la parábola de Ezequiel mediante otra parábola, sino que lo hace especialmente en su propia vida: Jesús es el grano de mostaza, diminuto e insignificante, que se hace árbol grande para dar refugio y vida.
Ambas relatos, tanto el de Ezequiel como el de Mateo, nos remiten a una misma idea acerca de la dinámica del reino de Dios: el poder nuclear de lo diminuto e insignificante.
Jesús es grano de mostaza y retoño
Mateo 13:31-32
Sujeto: El grano de mostaza: el reino de Dios.
Características del sujeto: La semilla más pequeña.
Dinámica: Se convertirá en la mayor de las hortalizas.
Resultado: Las aves anidan en sus ramas.
Ezequiel 17:22-24
Sujeto: El retoño: remanente judío.
Caracteristicas del sujeto: Lo que queda después del exilio
Dinámica: Extenderá sus ramas y dará frutos, se convertirá en un árbol magnifico.
Resultado: A la sombra de las ramas anidan las aves.
Tú y yo también somos expresión del reino de Dios, encarnados en medio de estas realidades en las cuales Él nos planto. Y es en medio de estas frágiles realidades donde debemos morir como semillas, para que, según el poder del Espíritu de Dios y su Palabra, lleguemos a ser arboles que brinden refugio y vida a aquellos y aquellos que hoy lo necesitan. No obstante, no se trata solo de asistir al desvalido, sino buscar su empoderamiento en el Espíritu por medio de la Palabra de Dios para que llegue también a ser árbol que abriga y da vida.
Esta es la lógica de reproducción del reino: la vida de Jesús siendo reproducida en tu vida, en mi vida y en la vida del otro. Por eso la iglesia también es grano de mostaza y retoño.